Escuchad el arpegio y desapareced!
do/lam* [me refiero a una transición pasando por las dos nota]
(DO) (REm)
Miro al techo que hoy ha vuelto a gotear,
(SOL) (DO)
hacía tiempo que no llovía así.
(REm)
Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal
(SOL) (DO)
me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti.
(MIm) (FA)
Lo que en realidad viene a ser lo mismo.
(REm) (SOL)
Lo que, por crueldad, ahora viene a dar igual.
(DO) (FA) (REm)
O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue
(SOL) (DO) (FA)
expulsado, y que ha venido a agonizar justo encima de mi
(REm) (SOL)
hogar y estas gotas sean sus lágrimas.
(DO) (LAm) (REm)
O puede que sea por hacer entrar ya en razón
(SOL) (DO) (FA) (REm)
y llegar a comprender que dentro de este horror no hay
(SOL) (DO) (LAm) (REm) (SOL)
literatura, no, y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer una
(DO/LAm*) (REm) (SOL) (DO)/
y otra vez en una trampa mortal que en el tiempo dura ya
(LAm) (REm) (SOL) (DO)
ocho años y medio. Seré muy breve: te quiero, y esto duele.
(DO) (REm)
Y vino un pájaro a posarse en mi ventana.
(SOL) (DO)
Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul.
(REm)
Y al acercar mi mano y comprobar que no, no echaba a volar
(SOL) (DO)
supe de inmediato que lo enviabas tú.
(MIm) (FA) (REm)
Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir,
(SOL)
y cuando lo hizo aún llovía aquí.
(DO) (FA) (REm)
Y la sangre al gotear entre zarpas de animal presagió mi
Sol [y así hasta el final]
suerte, como una ave que voló de Madrid hacia Gijón aun herida de muerte,
reescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien,
de cometer un nuevo error, de no saber pedir perdón o pedirlo
demasiadas veces.
Y aunque ahora escupo una oración helado de terror ningún dios
responde aún.
¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz?
Seré muy breve: te extraño, y esto duele.
Trato de encontrar una salida
pero no recuerdo ni por dónde hemos entrado aquí.
Y contemplo junto a mí el cadáver del que fui,
según tú, en una ocasión,
y es la mancha de humedad la de la herida mortal
impregnada en el colchón,
y ahora que te oigo llorar en lugar de ir hacia ti
me vuelvo a anastesiar y me limito a subir el volumen
del televisor,
o me concentro en recordar, para no pensar en ti,
que tendría que llamar y que alguien venga a reparar
la gotera de una puta vez, que ya cansé de recoger litros de
agua gris, gris como un metal
que un día relució y que ahora es suciedad.
¿Qué se hace para amar lo que quise despreciar ya una
y mil veces?
Seré muy breve: te he perdido, y esto duele.